viernes, 28 de diciembre de 2007


UN MISMO PROBLEMA, DIFERENTES PUNTOS DE VISTA


En este artículo se analiza el fenómeno de la violencia escolar a partir de textos recogidos en diferentes medios de comunicación. Profesionales (docentes, psicólogos y psiquiatras fundamentalmente) y políticos, presentan la violencia escolar de formas muy diferentes, tanto en los motivos que lo originan como en la propuesta de soluciones, todo depende del ojo con el que se mire el problema.


En marzo de 1998 se produjo un lamentable suceso en Jonesboro (Arkansas, EE.UU.): dos muchachos, de 13 y 11 años, provocaron una matanza de escolares. Algo que en los centros educativos se venía observando, la violencia creciente, pareció culminar en tal suceso. A partir de ese momento surgió la pregunta de si el fenómeno de la violencia escolar constituye realmente un problema, y, en su caso, en qué medida lo es. Como siempre, ante un fenómeno de carácter social, encontramos toda una gama de opiniones: para algunos, no puede hablarse de «violencia escolar»; en cambio, otros afirman la existencia de una alarmante escalada de violencia, y, finalmente, hay quienes defienden que la violencia escolar no ha aumentado, sino que existe una mayor sensibilidad ante el problema. A la hora de fijar su magnitud, son fundamentales las cifras: ciertos autores (Romero, 2000) indican que, aproximadamente el 80% de la población, admite que existe algún tipo de violencia en los centros escolares. No obstante, algo menos del 7% acepta que el problema sea grave. Entre quienes no reconocen la existencia de violencia, hay clara mayoría de alumnos (75%).

El sintagma «violencia escolar» hace referencia a una realidad compleja, en la que cabe distinguir diferentes tipos de conflictos. Así, a los profesores les preocupan, sobre todo, los serios problemas de disciplina (resistencia pasiva, boicot, insultos...), las faltas de respeto o las conductas asociales que perturban la marcha normal de las clases (disrupción en las aulas). La intimidación y la victimización entre iguales (bullying) no suelen incluir violencia física, pero sí es corriente que tengan consecuencias devastadoras cuando son persistentes. Sin embargo, el vandalismo y la agresión física, que se consideran como estrictos fenómenos de violencia y como causantes de un mayor impacto en la opinión pública, no parecen superar el 10% de los casos de conducta antisocial en los centros. Finalmente, el acoso sexual es un fenómeno oculto de conducta antisocial. Al igual que el maltrato de carácter racista, podría entenderse como una forma del llamado bullying, pero parece tener suficiente entidad como para ser tratado por separado. Para algunos estudiosos (Moreno, 2000) sería más apropiado utilizar la expresión comportamiento o conducta antisocial, que incluiría acciones diferentes, como la disrupción en las aulas, los problemas de disciplina, el maltrato entre iguales, el vandalismo, la violencia física y el acoso/violencia sexual.

Para el análisis, han utilizado textos de los diarios abc, El País, El Diario de Sevilla, Ideal, La Vanguardia y Metro directo de los meses pasados del año en curso. Hemos partido de los conceptos y del método de las nuevas corrientes de Análisis Crítico del Discurso y de la Tradición Enunciativa (van Dijk, 1997; Bañón, 1996, 2002; Briz, 2001; Fuentes Rodríguez, 2004), que han encontrado en la metodología cualitativa un ámbito común de aplicación para la moderna Lingüística del Texto y la Psicología.

EL DISCURSO DE LOS POLÍTICOS: LA NEGACIÓN DEL CONFLICTO

En aquellos textos en los que aparecen los políticos como enunciadores, se defiende la tesis de la existencia de una situación de normalidad, alterada accidentalmente por conflictos esporádicos, puntuales, que, por otra parte, han existido siempre, y que hoy emergen públicamente por la acción de los medios de comunicación. De acuerdo con esta argumentación, tienden a atenuar cualquier información acerca de conflictos en el ámbito escolar. De hecho, parten de una negación radical de la realidad de la violencia escolar:

El País, 1/03/2005: Educación crea una web para detectar conflictos escolares.

Subtítulo: El consejero niega que haya violencia en las aulas y habla de «conflictos disciplinarios».

El consejero de Educación, Alejandro Font de Mora, habla de «una situación de normalidad» en las aulas valencianas, alterada sólo por «conflictos disciplinarios», denominador común de los 200 casos inspeccionados. Font de Mora subrayó que no se puede hablar de «violencia escolar y alarma social», ya que se trata de «casos muy puntuales de indisciplina y conductas atípicas inevitables y nada representativas que se dan en cualquier sitio».

El discurso de los políticos parte siempre de esa afirmación básica de normalidad. Los diferentes hechos que pudieran contradecirla se atenúan, ya sea cuantitativamente, reduciéndolos a cuestiones accidentales, esporádicas, muy puntuales, ya sea cualitativamente, presentándolos como hechos consustanciales a la vida, inevitables en cualquier tiempo y en cualquier espacio. La atenuación se manifiesta en el adverbio sólo, y los adjetivos muy puntuales, inevitables, nada representativas, están orientados hacia la negación del conflicto; inevitables supone una aceptación matizada del conflicto, pues, al tiempo que se reconoce su existencia, se afirma la imposibilidad de su resolución; luego, en definitiva, se niega como tal conflicto. La negación se manifiesta con carácter enfático en el superlativo que acompaña a un adjetivo, que, por sus rasgos semánticos, no admite gradación, así como en la negación nada en lugar del adverbio, más neutro, no.

El locutor mantiene la distancia enunciativa a través del uso de las comillas; por otra parte, los datos objetivos que aporta, los 200 casos inspeccionados, suponen una contradicción con las palabras del político, que ponen en evidencia la incoherencia de una aparente situación de normalidad con la necesidad de inspeccionar 200 casos (sólo en Valencia) de conflictos en la escuela. El dato, por sí mismo, provoca una distancia y una lectura crítica tanto del adverbio sólo como del sustantivo normalidad.

Los adjetivos suelen constituir un vehículo precioso para la transmisión de valoraciones personales, pero también los adverbios contienen a menudo información presupuesta que implícitamente orienta la interpretación de un texto. Es lo que ocurre en el siguiente caso. El enunciador es el director de Centros de la Consejería de Educación de la Xunta de Galicia, y la noticia, aparecida en el Diario de Sevilla, 3/03/2005, informa sobre un caso de acoso escolar en aquella región del noroeste de España:

Titular: Detectado un caso de acoso escolar en Galicia.

Cuerpo de la noticia: […] director de centros de la Consejería de Educación de la Xunta, aseguró ayer que el caso de acoso escolar de […] es importante, porque siempre lo son los conatos de agresión, pero recordó que es un caso aislado.


Es una estrategia retórica la aceptación parcial del argumento contrario, «es importante», que a continuación queda desmentido o neutralizado por una afirmación más general que desactiva su potencial significativo: «porque siempre lo son los conatos de agresión». El adverbio siempre presenta el caso en principio «importante» como un elemento más, nada especialmente significativo en el conjunto de una larga serie de situaciones análogas; por otra parte, al calificarlo como conato, niega el carácter mismo de agresión del acontecimiento, al dejarlo reducido a potencialidad, a hecho virtual. Junto a la negación abierta de los hechos, o a su atenuación, que ya hemos comentado, otra estrategia que minimiza los sucesos consiste en presentarlos como sujetos al control del gobierno, con lo cual se exponen neutralizando su potencial amenazador o destructivo; así, con respecto al caso de agresión a un profesor en Lebrija (ciudad de la provincia de Sevilla):

[…] fuentes de la Delegación Provincial de Educación de la Junta de Andalucía, en Sevilla, explicaron que este es un hecho puntual que «está controlado», ya que se han puesto en marcha todas las medidas establecidas en casos de este tipo.

Sin embargo, también hemos encontrado testimonios procedentes de cargos políticos que dan una visión diferente: siguen presentándose los hechos con cierta moderación (lítotes), pero al menos no resultan negados ni relativizados. En el Ideal de Granada (17/02/2005), el Defensor del Pueblo Español afirmaba que:

[…] casi uno de cada tres alumnos ha padecido alguna situación conflictiva en las aulas, una cifra que en otro estudio del Instituto de Evaluación y Asesoramiento Educativo (idea) se eleva al 49%, aunque advierte que los colegios no son una jungla.


La concesiva expresa la negación de una implicatura que se deduce de las cifras que da el propio Defensor del Pueblo (explicación no pedida).

Las contradicciones entre el discurso de los políticos y los hechos, o entre diferentes manifestaciones de este discurso, no se reflejan sólo en apreciaciones o en enunciados estimativos individuales (Castilla del Pino), sino que se hacen patentes también en el manejo de las cifras. Las oscilaciones son extraordinarias. Así, las encuestas que se dan a conocer durante el debate organizado por la Agencia de Salud Pública de Barcelona afirman:

Un 5% de los adolescentes se siente acosado (La Vanguardia, 27/04/2005).

Los especialistas afirman:

Entre un 15% y un 35% del alumnado se ve involucrado en actitudes y comportamientos intimidatorios, con abuso de poder y exclusión social […] Entre el 2% y el 15% puede ser víctima o agresor de prolongada, cruel y oculta violencia interpersonal, que causa un daño profundo a la víctima y un deterioro moral para el agresor (La Vanguardia, 26/04/2005).

En cualquier caso, las interpretaciones son discutibles, pero la realidad se impone con una fuerza incuestionable:

Titular de El País, Bilbao, 10/03/2005: Educación investiga 50 supuestos casos de acoso escolar.

Cuerpo de la noticia: La consejera de Educación, Anjeles Iztueta, explicó que la mitad de estos expedientes corresponde a malos tratos físicos, y la otra mitad a psíquicos […]. Se plantean medidas preventivas y de urgencia para proteger a la víctima (cambio de clase, incremento de la vigilancia […] cuando se detecte un caso, y […] la adopción de las medidas disciplinarias pertinentes para los agresores.

Ideal, 17/02/2005: [...] gracias al análisis de una muestra de 1.200 alumnos de entre 12 y 16 años de Granada y Jaén, los especialistas han concluido que el 50% de los escolares ha sido o es víctima de agresiones esporádicas en sus centros educativos. En un 2% de los casos, los incidentes ocasionales acabarán degenerando en bullying.


EL DISCURSO REIVINDICATIVO DE LOS PROFESORES
El amortiguamiento propio del discurso de los políticos se contrapone a la voz de alarma de los docentes, quienes denuncian una situación de indisciplina que consideran grave y en progresión creciente. Su discurso se caracteriza por la intensificación, y actúa como argumento o como legitimación de la reivindicación de medidas concretas para prevenir lo que consideran como una seria amenaza. Así planteado, el discurso se constituye en legitimación de sus exigencias: en un marco jurídico adecuado que les permite actuar con autonomía, con disminución de la ratio, con recursos personales y materiales, con reconocimiento social, con mejora salarial, etc. Frente al discurso de los políticos, el de los docentes y especialistas presenta una indagación en las causas del proceso; en el caso de los profesores, está siempre flotando el concepto de la culpa, de la responsabilidad y del fracaso educativo. Aunque admiten que las agresiones físicas ocupan el último lugar de los «serios problemas de disciplina» (Diario de Sevilla, 5/02/2005) que se dan en la escuela, consideran que se trata de un problema creciente y que tiene que ver con la permisividad extrema de los familiares, que delegan en el colegio la educación de los hijos. La situación se agrava en el caso de los centros concertados, mientras que en los públicos se mantiene similar índice de violencia de épocas anteriores. En muchos casos se relaciona el aumento del clima de tensión en las aulas con la pérdida de valores humanos en la sociedad en general («Las formas son distintas, hay menos respeto, y eso se traslada a las aulas», El País, 1/02/2005), y, especialmente, con la influencia de los medios de comunicación, que ofrecen sin censura alguna constantes escenas de violencia. El discurso sirve para legitimar la petición de una actuación rápida y urgente, drástica, «que erradique la violencia escolar de las aulas»; la petición se concreta, en muchos casos, en un «aumento de la disciplina en los centros» (según el 64% de los docentes, El País, 5/02/2005). Faltan recursos personales y materiales y más formación docente (abc, 22/02/2005). La contundencia de las peticiones o de las exigencias se ve reflejada en actos de habla realizativos (Searle, 1994):

Los profesores de anpe exigimos: 1) El establecimiento de un marco jurídico que mejore el gobierno de los centros educativos [...]. 2) La implantación, con carácter general [...] de Departamentos de Orientación, así como la dotación del profesorado de apoyo suficiente. 3) La importancia de la acción tutorial exige que todas las tutorías sean convenientemente incentivadas económica y administrativamente. 4) [...] La creación de un nuevo órgano de coordinación en los centros educativos: el Consejo Tutorial [...]. (El País,16/02/2005).

La necesidad de formular explícitamente estas exigencias se ve justificada por la propia realidad de indefensión que sufren, hecho del que dan cuenta los medios de comunicación:

Titular: El consejo escolar de un instituto dimite al no poder expedientar a un alumno agresivo.

Tres meses después, la dimisión sigue firme, pero no ha sido admitida por la directora […]. Sus miembros aseguran que no entienden por qué la consejería no les deja aplicar la normativa sobre convivencia […]. El alumno problemático fue enviado por sus padres a otro centro próximo, pero […] el otro día volvió con una cuerda y entre varios ataron a un niño a un árbol (El País, 16/02/2005).

EL DISCURSO COMPROMETIDO DE LOS ESPECIALISTAS
Los especialistas (psiquiatras y psicólogos especialmente) y los docentes comparten la actitud de denuncia ante lo que consideran una amenaza social creciente. Como respuesta reactiva a la negación del fenómeno por parte de las instituciones políticas, el discurso de los especialistas se caracteriza por la intensificación, la cual tiene una evidente finalidad persuasiva: se busca la definición de una actitud crítica y la toma de posición activa ante este fenómeno. Dada la negación del hecho, se ha de partir forzosamente de la consideración de su existencia:

El hostigamiento prolongado de alumnos por compañeros es una realidad, aunque casi siempre esté encubierta por una espesa nube de tabú y de silencio […]. Una vez que el martirio sale a la luz, los agresores, sus allegados y los testigos que se mantuvieron neutrales, incluyendo al personal docente, tienden a minimizar el problema, a recriminar al acosado por no haberse defendido, o a responsabilizar a sus padres (A. Rojas Marcos, Tribuna de El País, 2/04/2005).

La pretensión de rigor científico, de objetividad en la descripción del fenómeno, no excluye la presencia de elementos pertenecientes a un plano modal, los cuales revelan las actitudes, las valoraciones o las estimaciones subjetivas del enunciador (Fuentes-Alcaide, 1996). Las comparaciones, la presencia de términos léxicos pertenecientes al campo semántico de la epidemiología, de la guerra, del terrorismo, de la tortura, de las catástrofes naturales, y, en general, de la muerte, todas ellas con el rasgo semántico de «violencia, de destrucción», sirven para evocar el contenido siniestro y mórbido de las situaciones que se describen:

Como el cáncer o el terrorismo, que tanto tememos pero que la costumbre nos obliga a anticipar, la violencia escolar también forma parte del catálogo vigente de horrores predecibles.

Estas espeluznantes matanzas nos espantan, nos duelen, y echan por tierra las expectativas más básicas sobre el comportamiento humano. Aun así, su impacto en la sociedad es efímero. Con independencia de los cadáveres que acaben esparcidos por las aulas, la indignación colectiva se disipa a los pocos meses (L. Ro-jas Marcos, El País, 2/04/2005).

Olas de homicidios y de suicidios en las escuelas públicas de Nueva Cork […] «hostigamiento», «ensañamiento», «acosamiento persistente» [...] el léxico perteneciente al campo semántico de la tortura o del «martirio» presenta a los alumnos implicados como «acosadores», como «maltratadores», como «víctimas habituales de ensañamiento» que sufren «interminables pesadillas», y que a la hora de encontrar explicaciones que les ayuden a entender su penosa situación, la mayoría termina culpándose a sí misma (L. Rojas Marcos, art. cit.):

La víctima, además de padecer un calvario diario, se siente culpable y avergonzada, lo que hace que no se exprese [...]. La comunicación es esencial: el verdugo sabe que la víctima no habla (F. Díaz Atienza, Ideal, 2/11/2004).

La vivencia del fenómeno como una enfermedad contagiosa que se propaga y que crece indefinidamente, explica el léxico propio de la epidemiología:

Detectado un caso de acoso escolar en Galicia (Diario de Sevilla, 3/02/2005).

Se plantean medidas preventivas y de urgencia para proteger a la víctima (cambio de clase, incremento de la vigilancia...) cuando se detecte un caso [...] y la adopción de medidas disciplinarias pertinentes para los agresores (El País, 16/03/2005).

La creación de un sentimiento de alarma social, justificado por la existencia de hechos que por sí mismos constituyen una amenaza social, se ve reforzada por la presentación de esta realidad como un proceso sometido a un «aumento imparable» (El País, 21/03/2005). Se insiste en el hecho de que «la progresión es evidente», y que las acciones conflictivas no se circunscriben al ámbito escolar, sino que invaden otras esferas de la vida pública:

[...] los mandos de la policía municipal señalan un preocupante incremento de la violencia en el ámbito escolar, que se manifiesta a la salida de clase (La Vanguardia, 27/02/2005).

La voz de los especialistas es un discurso comprometido, con una clara finalidad perlocutiva: la presencia de comparaciones de gran fuerza expresiva, de adjetivos valorativos o de un léxico con rasgos semánticos de extrema intensidad, busca la movilización de toda una serie de recursos que actúen como medidas preventivas de una realidad que se vive como «enfermedad social». De ahí que se considere que la solución pase por recuperar los valores humanos: trabajar en grupo, realizar «tareas solidarias, no competitivas» (R. Ortega, La Vanguardia, 26/04/2005).

LA AUSENCIA DE LOS ALUMNOS: «Una espesa nube de tabú y de silencio»
Desde el punto de vista de su tratamiento en los medios de comunicación, podemos considerar a los alumnos como simbólicamente invisibles: sólo en tres ocasiones aparecen como enunciadores. Ellos son el centro del debate, del tema, pero, salvo en el suceso del Instituto de Coria del Río, no suelen tomar la palabra. Una «espesa nube de tabú y de silencio» protege a los acosadores y a sus víctimas, oculta el problema y lo potencia. A diferencia del discurso de los políticos, el de los alumnos parte de la existencia de problemas de convivencia en las aulas:

[...] el 24,5% [de los alumnos] piensa que alguna vez ha mostrado un comportamiento en el aula que ha impedido dar clase, y el 16,8% que ha faltado al respeto al profesor (El País, 5/02/2005).

Pero, frente al de los docentes, que consideran la necesidad de un mayor control y de medidas disciplinarias, los escolares hablan de diálogo y de consideración-respeto hacia ellos como forma de resolver los conflictos:

La mejor arma para resolver los conflictos no son las actitudes violentas, sino la palabra, el diálogo y el respeto (Talleres organizados en Granada por 12 centros educativos, en colaboración con las ong Proyecto Hombre y aspa).

Los propios encuestados, 2.322 escolares de 9 a 16 años de centros públicos y privados de Madrid, reclaman más educación en valores y respeto hacia ellos de educadores y de familias para frenar las conductas violentas, mientras que restan importancia a las medidas de control [...] (Diario de Sevilla, 10/02/2005).

¿Qué opináis? Resulta muy curioso ver como los políticos opinan de estos hechos acaecidos dentro y fuera del centro escolar y que vean un granito de arena donde docentes, psicólogos y demás especialistas ven una montaña.

Los profesionales de la educación hablan, indican donde creen que se encuentra el origen del problema, buscan posibles soluciones pero luego, por lo visto, no interviene en las reformas educativos ni en los planes de acción.

¿Y los alumnos? Apenas se les tiene en cuenta, parece que nuestros políticos no se han parado a pensar que los alumnos son los acosados y los acosadores.

Por este motivo me pareció bastante interesante el presente artículo, todos sabemos que hay diferentes puntos de vista pero es más fácil opinar cuando se nos hace un resumen de opiniones como este.

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